Pablo Neruda escribió una vez una oda al gato. Empieza sin hablar del animal, solo del hombre, quien, como el resto de las especies, desea y deseará ser otro sin conseguirlo hasta el final de los tiempos. “El hombre quiere ser pescado y pájaro, la serpiente quisiera tener alas, el perro es un león desorientado, el ingeniero quiere ser poeta, la mosca estudia para golondrina, el poeta trata de imitar la mosca, pero el gato quiere ser sólo gato y todo gato es gato desde bigote a cola, desde presentimiento a rata viva, desde la noche hasta sus ojos de oro”.

Este es mi gato Yo-yó (dudo cómo escribir su nombre porque nunca antes lo había hecho). También podría decir que era, que ya no está: lleva dos meses sin aparecer por casa. No es la primera vez que lo hace. De hecho, fue precisamente en una de sus últimas cacerías donde (pensé), que se le habían pasado las ganas de volver a escaparse. Aunque, a decir verdad, no debió ser así, ya que, siguiendo su instinto, prefirió unirse a la oscuridad de una preciosa noche de verano.

Quizá debería haber cerrado la ventana. Aunque, si así lo hubiera hecho, que ganas no me faltaron, Yo-yó nunca hubiera sido pescado, ni pájaro, ni serpiente, ni perro, ni león desorientado, ni poeta, ni ingeniero, ni mosca, ni golondrina.

 Irene T.

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