Una obra de intervención depende del espacio donde se encuentra físicamente (o conceptualmente), por que por lo general ha sido diseñada, creada e ideada para ese espacio específico.

Paseando por la playa de San Sebastián, unos veraneantes se encontraron con esta creación. El por qué está claro, pero… ¿y el para qué?

Las obras efímeras me permiten una gran libertad de acción. Esa libertad consiste en la posibilidad de hacer una intervención en diferentes tipos de espacios no diseñados necesariamente para exhibir obras de arte o que no forman parte de un circuito expositivo convencional. Me gusta alterar el espacio y la percepción de ese espacio insertando elementos que hacen preguntarse a las personas que por allí transitan, ¿qué es eso? […]

La libertad de acción viene dada también por el carácter no-comercial de las piezas, lo que propicia una creación sin los límites que las leyes del mercado de arte por lo general imponen. Al contrario, para poder ejecutar estas obras se reciben muchas veces financiamientos, ya que no aportan ninguna remuneración en especie al artista. Las obras efímeras se insertan con dificultad en el coleccionismo de arte por sus características intrínsecas: están por lo general fabricadas con materiales poco duraderos, problemáticos para conservar y almacenar, y muchas veces son esencialmente creadas para un sitio específico, frecuentemente de gran escala. De todas las obras efímeras por mi realizadas una sola fue encargada y adquirida por una fundación privada, y después de seis meses de exhibición al retirarse la obra del espacio asignado quedó como testimonio un video especialmente hecho como registro del trabajo, única evidencia física de la existencia de la obra. Patricia Van Dalen. Arte Efímero

Irene T.

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