Es curioso pensar en cómo las marcas de moda gestionan su imagen en los últimos tiempos. Al margen de que cada firma ya lleva intrínseca una serie de características que la definen, las grandes empresas textiles buscan ahora el valor añadido a través de sus modelos. No obstante, no deja de ser curioso como también en esto las diferencias entre las estrategias de marketing son claramente distintas.

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En el caso de Zara, por ejemplo, amén de que hablen de que la única publicidad que hace se vincula a los anuncios en medios impresos en período de rebajas, llama la atención su apuesta por los modelos desconocidas a la hora de dar a conocer sus colecciones. No hay grandes nombres en sus maniquíes, son jóvenes guapas, delgadas e incluso, en el caso de los hombres, algunos con cierto aspecto andrógino. Todos ellos no llevan detrás una imagen de marca ni un apellido. Lo que brillan son sus atuendos, lo que llevan, más allá de la imagen que ellos proyectan. Y no es casualidad. ¿Qué publicidad puede necesitar una marca que en cualquier calle puedes ver, como si de una pasarela se tratase, diferentes oufits creados por ella? Sin duda, la estrella es la ropa, no quien la lleva.

Pero, por otra parte nos encontramos con marcas como Blanco, Mango o H&M cuya estrategia de imagen es totalmente opuesta. En el caso de la primera ha contado ya entre sus colaboradoras a modelos de la talla de Irina Shayk o la actriz Paula Echevarria, que además de repetir ha colaborado en el proceso de creación. Mango tampoco se ha quedado atrás y ha apostado por la supermodelo Kate Moss para que vistiese alguna de sus prendas. Por último la marca sueca H&M también ha aprovechado el tirón indie de la odiada y venerada por partes iguales Lana del Rey para ponerle cara a sus colecciones. No es la primera vez que coquetea con las divas de la música, pues hace años ya firmó una colaboración con Rihanna.

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¿En qué se diferencian estas marcas? En todas ellas, al margen de la ropa, prima la imagen del personaje, sus características, su estilo.

Esos valores de la modelo elegida le confieren un valor añadido a la marca, a la que se le atribuyen, además, la personalidad de la celebridad en cuestión. ¿Problema? Que el maniquí termine por devorar su atuendo, que el caché de la estrella eclipse la ropa o que la firma escoja mal a su embajadora y esta traiga consigo valores poco deseados. Famosas o desconocidas, ¿con cual os quedáis? Y lo más importante, ¿realmente es efectivo asociar nuestra marca a una estrella rutilante o es mejor que nuestra ropa hable por nosotros? 😉 

Zeltia R.

KATE+MOSS+FOR+MANGO

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